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MONTE VINSON PROYECTO SIETE CUMBRES SOLIDARIAS
SEGUIMIENTO DE LA EXPEDICIÓN
Tras el Kilimanjaro en África, el Elbrus en Europa, el Aconcagua en Sudamérica y la Pirámide de Carstensz en Oceanía, nuestros buenos amigos, Pablo Martín García y Juan García Arriaza, ponen rumbo al continente mágico, la Antártida. Después de superar todos los obstáculos que en una expedición de esta envergadura no son pocos, por fin hoy día 25 de diciembre ponen rumbo sur en lo que será su siguiente desafío, el monte Vinson de 4897m. de altura, como todos sabéis, técnicamente no es una montaña difícil, sin embargo, tendrán que luchar contra las inclemencias meteorológicas y las bajas temperaturas que podrían rondar los -35ºC , y si le añadimos ese vientecillo que recorre esas latitudes, la sensaciones térmicas pueden bajar hasta los -45ºC.
Juan García Arriaza Monte vinson cerca de la cumbre Pablo Martín García
Todo un desafío cargado de una buena dosis de ilusión y un buen hacer, que seguro, les dará fuerzas para poder coronar esta hermosa montaña en uno de los sitos mas inhóspitos del planeta, la Antartida, mucha suerte amigos.
Desde esta pagina podréis seguir todas las crónicas que intentaran enviar desde el continente helado, desde la web, les daremos fuerza y les acompañaremos en su nueva aventura en casa con la calefacción puesta.

CRÓNICAS OBRA SOCIAL EN PUNTA ARENAS
(Esta es la crónica solidaria de la expedición)
Miércoles y Jueves, 13 y 14 de Enero de 2010 (Obra Social en Punta Arenas):
Con la ascensión del Vinson habíamos finalizado nuestro sueño y cumplido con nuestro reto deportivo y compromiso dentro del “Proyecto 7 Cumbres Solidarias“. Sin embargo, la expedición no la consideraríamos completa hasta no realizar el segundo objetivo que nos habíamos propuesto: efectuar una labor social entre los niños más necesitados de Punta Arenas.
El escalar la montaña más alta de cada continente es, para nosotros, un reto deportivo muy ambicioso, y poco a poco estamos dando los pasos necesarios para lograrlo. Sin embargo, no queremos viajar por el mundo buscando solamente ascender montañas. Alrededor de las mismas viven personas, con necesidades, muchas veces con grandes carencias, y a las que normalmente la gente olvida cuando viaja. Las montañas son ahora esa excusa que nos brindan la opción de tratar de ayudar y aportar nuestro granito de arena. Sólo somos 2 personas, pero con ganas e ilusión. Hemos querido ayudar, sin pasar de largo, sin olvidar que hay gente necesitada, a la que podemos intentar regalarles una sonrisa y enseñarle que otro mundo es posible. Por lo tanto, hemos querido dejar nuestra impronta entre los más pequeños, entre los niños más necesitados que viven en las cercanías de las montañas que visitamos, repartiéndoles material escolar y juguetes que les ayuden a dar un paso más en esta dura vida. En esta ocasión, debido a que en la Antártida no existen poblaciones estables de personas, la ayuda social hemos decidido hacerla en la ciudad de Punta Arenas, punto de partida para la expedición al Monte Vinson.
Después de la vuelta a la civilización, y haber descansado de tantos días en el Continente Blanco, nos pusimos manos a la obra para tratar de buscar un lugar idóneo que se ajustara a nuestras expectativas. La tarea no es banal, y el buscar el lugar ideal no es fácil y requiere una búsqueda exhaustiva. No queríamos realizar la ayuda social en un orfanato, o en un hogar de acogida donde ya se recibieran muchas ayudas estatales y nuestra ayuda se diluyera entre las del Gobierno, ONGs y demás. En otros lugares, como en Tanzania o Indonesia, no nos resultó muy complicado buscar el lugar adecuado, pues dichos países sí están muy necesitados de obras sociales y cualquier ayuda, por poca que sea, hace un gran beneficio. Sin embargo, aquí en Chile, nos ha costado bastante. Chile es un país de primera fila económica mundial, a veces equiparable a España y dar con el lugar adecuado ha sido una tarea ardua.
Primeramente visitamos un hogar de acogida llamado Casa Miraflores, regentado por monjas. Allí se hacen cargo de varios niños pequeños, de hasta 9 años de edad, hijos de padres con problemas sociales, que han perdido la tutela, están en la cárcel, etc. Nos enseñaron las instalaciones, hablamos con la madre superiora, visitamos a los pequeños y pese a lo enternecedor del lugar, pronto nos dimos cuenta que no era el lugar indicado. Casa Miraflores recibe bastantes ayudas del gobierno chileno, de varias ONGs y personas adineradas, y nuestro pequeño aporte, aunque bien recibido, sería diluido. Queríamos que nuestra ayuda fuera a un lugar más necesitado.
Así se lo expusimos a la directora y ella nos envió a la Casa Ignacio Zibillo, un hogar donde acogen a niños huérfanos de corta edad. Allí nos dirigimos, con las ganas de poder ayudar por todo lo alto. Nos recibió la directora, que de nuevo nos comentó la situación del lugar, nos enseñó a los niños y las instalaciones. Hay unos 20 niños pequeños, que viven permanentemente en esta casa equipada para ellos, con todo tipo de detalles. Sin embargo, al igual que en el lugar anterior, esta nueva casa de acogida también cuenta con bastantes ayudas del gobierno, y no se ajustaba a lo que estábamos buscando.
De allí nos mandaron a un barrio marginal de Punta Arenas, llamado Alfredo Lorca, donde visitamos un hogar infantil. Los niños y la directora no estaban en ese momento pero nos enseñaron las instalaciones y a pesar de estar enclavado en un barrio pobre, el lugar contaba con unas instalaciones modernas, y de nuevo creíamos que no era el lugar indicado.
Cuando ya casi estábamos desesperados en nuestra búsqueda del lugar ideal, y ya pensábamos en realizar la ayuda social en alguno de los hogares visitados anteriormente, las personas del hogar infantil nos comentan que hay otro hogar, más pobre en las cercanías.
 Nos dirigimos allí, y ya sólo el aspecto desde fuera del hogar y las instalaciones nos hizo pensar que éste podría ser el sitio adecuado. Nos recibe la directora y amablemente nos cuenta acerca de la Residencia de Vida Familiar Cardenal Raúl Silva. Nos enseña las instalaciones y comprobamos de primera mano la falta de ayuda de que disponen. Habitaciones viejas, con mobiliario escaso, en un edificio antiguo que necesita una reforma integral. Conocemos a los chicos, y su situación nos conmueve. El lugar nos gusta, y por fin creemos haber encontrado el lugar idóneo. Reciben muy pocas ayudas y en estos momentos tienen 10 niños, de 9 años en adelante, que viven en el hogar. Son hijos de padres con problemas sociales, drogadictos, etc., a los que se les ha quitado la custodia o bien niños recogidos de la calle a los que se les trata de dar una educación y reinsertarlos en la sociedad. Muchos de estos niños han estado viviendo en la calle y la casa de acogida trata de reorientarlos. No son muchos niños y son mayores de los que estamos acostumbrados a ayudar dentro de nuestro proyecto. Dada su situación social, sabemos que difícilmente nos lo agradecerán, que no será tan bonito como hacerlo con niños de corta edad, y que no tendremos momentos tan tiernos ni fotos tan bonitas y emotivas como en anteriores obras sociales. Sin embargo, nuestro fin no es aparentar ser buenos, es tratar de serlo. No queremos tener fotos entrañables, sino saber que hemos hecho lo correcto en el lugar adecuado. No venimos a colgarnos medallas sino a intentar hacer lo mejor posible una humilde ayuda social, que es compromiso fundamental de nuestro “Proyecto 7 Cumbres Solidarias”.
Nos despedimos de la directora y quedamos en vernos al día siguiente, donde entregaríamos a los chicos material escolar, para tratar de ayudar un poco en su educación.
El Jueves 14 de Enero, nos levantamos con ganas de realizar esta humilde ayuda. Por la mañana caminamos por el centro de Punta Arenas en busca de una papelería para comprar el material escolar. Tratamos de que así el dinero invertido repercuta en la economía del lugar, realizando una doble ayuda social. Encontramos una pequeña librería y allí fuimos comprando los cuadernos, lapiceros, bolígrafos, folios, y demás material escolar. La dueña de la papelería, al contarle acerca de nuestro “Proyecto 7 Cumbres Solidarias” se quedó tan agradecida, que quiso hacer su pequeña donación particular a la Casa de Acogida, regalándoles algunas carpetas y demás material escolar. Las buenas obras llaman a la gente a tratar de aportar su ayuda. Luego compramos unos balones de fútbol y baloncesto, que la directora nos había comentado que les haría mucha ilusión a los chicos.
Con la mochila cargada hasta arriba de regalos nos dirigimos a la Casa de Acogida, cual Papá Noeles el día de Navidad. Reunimos a los chicos en el pequeño salón de que dispone la casa de Acogida y fuimos sacando de la mochila todo el material escolar que habíamos comprado, y lo fuimos repartiendo, mientras los chicos lo recibían con alegría y nos aplaudían. Es magnífico el ver la cara de agradecimiento de estos chicos, al ver que unas personas desconocidas se acercan a ellos y deciden ayudarles. Para nosotros el regalo es poder estar con ellos, poder tratar de aportar un granito de arena, y no pasar de largo.
Les encantó el material escolar, pero la cara que pusieron cuando vieron los balones fue de sorpresa total. ¡No se lo esperaban! ¡Todo eso nos recompensa con creces! Ahora, la expedición si la dábamos por concluida. La mitad montañera ya la habíamos terminado, y ahora la mitad solidaria había entregado su ayuda entre los más necesitados. El Club Deportivo 7 Cumbres, cumple con sus compromisos tanto sociales como alpinisticos. Ahora sí que tenemos nuestra cumbre al completo.
Juan y Pablo, repartidores de sueños entre los niños más necesitados.
CRÓNICAS EXPEDICIÓN
17ª/DE NUEVO EN LA CIVILIZACIÓN 12/01/2010
Martes, 12 de Enero de 2010 (de nuevo en la civilización):
Entre unas cosas y otras, cuando el Ilyushin despegó eran ya la 4:00. Brillaba el sol como nunca sobre la pista de hielo azulado que nos despedía desde lo alto de la escalerilla. En un curioso gesto, por no despedirnos de tan bello paraje, aguantamos en la puerta del avión hasta que nos hicieron sentar. Para entonces la Antártida ya nos había atrapado y poseído las mentes con sus encantos. Prometimos regresar. El estridente sonido de los motores se agudizó, todo comenzó a vibrar, los barriles de combustible de la bodega comenzaron a sonar por el cambio de la presión, mientras un miembro de la tripulación hacía gestos de normalidad sobre dicho ruido. Poco después el avión despegó del hielo eterno.
Eran altas horas de la madrugada y, pese a las incomodidades del avión, no tuvimos que hacer muchos esfuerzos para perecer de sueño durante el transcurso del vuelo. Cuatro horas y media después, el avión tomaba de nuevo tierra en Punta Arenas. Un autobús nos dejó en el hotel, donde tuvimos que esperar para nuestro ingreso. Después de una horas, degustamos algunos de los mayores y más ansiados placeres: una ducha, ropa limpia y una cama.
Aunque nos hubiera gustado disfrutar de estos placeres durante más tiempo, teníamos una cita pendiente, una promesa por confirmar. Así que sin más, fuimos a la Plaza de Armas. Allí la imponente estatua de bronce del indio Patagón nos aguardaba. Allí fue donde comenzó nuestra aventura 14 días atrás. Como dice la leyenda, tocando el pie de bronce de la estatua, augurarás suerte en tu viaje a la Antártida y de esa manera tendrás la suerte necesaria para regresar. Pues bien, aquí andábamos de nuevo, dos semanas después, tocando nuevamente su pie. Hemos regresado sanos y salvos y lo que es más, victoriosos. Por ello regresamos a confirmar nuestra vuelta y que haya constancia de ello.
La tarde la dedicamos a andar de un lado a otro, recopilar información sobre qué hacer en los próximos días. Punta Arenas no es un lugar con muchos recursos, pero las zonas colindantes guardan cientos de tesoros: Las Torres del Paine, el Perito Moreno, la masificada isla de pingüinos (Isla Magdalena) y un largo etcétera que estamos pensando en intentar descubrir.
Para cuando regresamos nuevamente a nuestro hotel, contemplamos un regalo que, desde hace tiempo, no habíamos reparado en su esencial valor: “la oscuridad”, es de noche y el cielo está oscuro, la estrellas brillan en lo más alto y por fin, aunque tan sólo sea por unas horas, podemos despedirnos del sol que durante tantos días nos ha estado acompañando incansablemente.
Juan y Pablo, disfrutando de tan ansiada oscuridad.
Club Deportivo 7 Cumbres
proyecto7cumbres@hotmail.com
16ª/DIAS DE ESPERA EN PATRIOT HILLS 10 Y 11/01/2010
Domingo y Lunes, 10 y 11 de Enero de 2010 (Días de espera en Patriot Hills):
Los días en Patriot Hills son mezcla entre el sabor de la victoria, ya conseguida; y las ganas de volver a la civilización a degustar las comodidades de la vida diaria, como una ducha reparadora, dormir en una buena cama al abrigo de las tempestades, comer en un buen restaurante; y tantas cosas que uno no piensa en su vida normal, pero que a miles de kilómetros, en medio del desierto helado antártico, se echan de menos.
Supuestamente el Domingo 10 de Enero sería el día de nuestro regreso a Punta Arenas, con el avión ruso Ilyushin. Sin embargo, en la Antártida nada se da por hecho, las inclemencias meteorológicas están a la orden del día, y la paciencia debe formar parte de la mochila de los aventureros. Así que, el día 10 los hados no nos resultaron propicios. El Dios Eolo decidió levantarse de su dormilona y se puso a soplar de manera endiablada, barriendo con sus vientos el campamento. Por tanto, como la fuerza del viento era importante, se canceló el vuelo del Ilyushin para mejores momentos. Aún no sabemos si para el día 11 o cualquier otro día. La incertidumbre de la salida es así de caprichosa con nosotros. Vivimos en una alerta continua.
Nos levantamos justo a las 8 de la mañana, que es cuando sirven el desayuno en la tienda comedor. Allí, en la comodidad de la tienda compartimos un rato entre los compañeros del resto de expediciones, para acto seguido volver de nuevo al amparo de nuestra tienda. A falta de mayor distracción Pablo cae rendido ante el abrazo de Morfeo, mientras Juan aprovecha para leer el primer libro de la famosa saga Millenium, que ha podido encontrar en la librería de Patriot Hills. Las horas pasan y a las 13:00 volvemos de nuevo a la tienda comedor, donde disfrutamos del buen menú que nos preparan los cocineros de la base.
Cuando pensábamos en pasar una tarde más bien anodina, sin mucho que hacer, uno de los guías del campamento (Darren) nos propone hacer una ruta en esquís hasta un avión que se estrelló hace años en medio de la llanura antártica, a unos 9 Km de Patriot Hills. Al principio nos da un poco de pereza, mas teniendo en cuenta la fuerza del viento que soplaba en ese instante, pero como no sabemos estarnos quietos, decidimos emprender la ruta. Iremos junto con los checos Pavel y Rudy, además del guía Darren. Pablo ya está acostumbrado a esquiar, pero Juan será la primera vez que haga una ruta en esquís. ¡Todo un nuevo reto!
Nos equipamos adecuadamente ante el fuerte viento, con comida, bebida y con muchas ganas, y bajo el archipresente sol antártico iniciamos la marcha. Las sensaciones son increíbles, con la vastedad de la blanca llanura rodeándonos. Avanzábamos rumbo hacia el infinito, sin puntos de referencia, sólo divisando el blanco eterno de la nieve que se funde con el horizonte junto al cielo azul. A nuestras espaldas, el fuerte viento nos empujaba furiosamente, y aprovechábamos su fuerza para hacer más cómoda la marcha. Cada uno progresábamos a nuestro ritmo, a veces en grupo, otras en solitario. Los pensamientos se agolpaban en nuestras inquietas mentes. Podíamos imaginarnos las grandes aventuras, tanto antiguas, como modernas, donde grandes personajes han luchado por alcanzar el polo sur. La perseverancia, empuje, y fortaleza mental que implica semejante reto hace mella en nosotros. Quizás algún día el reto de alcanzar el polo sur sea una nueva aventura que se haga realidad. De momento el soplo helado de la Antártida se ha metido en nuestros cuerpos, el gusanillo de nuevas vivencias se ha plantado en nuestros corazones y algún día habrá que darle rienda suelta.
Avanzamos, metro a metro, deslizándoos sobre los esquís, hasta que por fin alcanzamos el objetivo de la marcha. A unos 9 Km de Patriot Hills, en medio del desierto helado, enterrado casi completamente, emerge la cola trasera de un avión DC6, que se estrelló hace unos años en semejante y desolado lugar. Esperábamos ver más restos, pero el paso del tiempo junto con la nieve azotada por el viento han acabado de enterrar casi completamente el avión.
Nos conformamos con lo que hay. La excusa del avión nos ha servido para adentrarnos durante un tiempo en la inmensidad blanca y sentir la vastedad de este continente y las muchas maravillas que alberga. A pesar de que uno diría que el terreno no alberga nada, ni plantas ni animales, que todo es blanco y llano. Sin embargo, al contrario, en eso radica su belleza, su magnetismo, su fuerza. Te atrapa sin saber cómo y admiras su brutal y salvaje paisaje.
Ahora nos quedaban 9 Km de vuelta con el viento dándonos de cara. Darren nos comenta que llamará a la moto de nieve y volvemos al campamento por medios mecánicos. Aceptamos de lo más gustoso, retomando los primeros kilómetros en esquís, hasta la llegada de la moto que nos transporta a Patriot Hills, surfeando entre la llanura antártica.
Llegamos sobre las 19:00. Aprovechamos para cenar inmediatamente en la tienda comedor. Pasamos el resto de la tarde entre amigos, charlando, escribiendo crónicas, leyendo, etc. Finalmente, volvemos a nuestra humilde morada en la tienda “oruga” donde caímos rendidos, esperando poder volar mañana de regreso.
El día 11 de Enero la rutina se vuelve a imponer al igual que los días pasados. Estamos pendientes del tiempo y nos comunican que hoy, la fuerza del viento impedirá que el Ilyushin pueda volar. Se oyen rumores que mañana tendríamos alguna posibilidad, pero después se acerca una tormenta que impedirá durante 3 o 4 días salir de aquí. Con las ganas que tenemos de volver, no nos imaginamos que será pasar una semana más en estos lares. ¡Nos aferramos a las posibilidades que tenemos! ¡Quizás esta noche, o mañana por la mañana!
El día pasa con relativa calma. Damos alguna vuelta por el campamento, comemos, volvemos a las tiendas, etc. La rutina empieza a hacer mella y estamos con la mente puesta en Punta Arenas. A las 19:00 la cena nos congrega a los expedicionarios en la tienda comedor. Alguna gente de la agencia ALE nos comenta que quizás haya alguna opción de volar esta noche, pero nada es oficial. Finalmente, sobre las 21:00 nos comunican que el Ilyushin volará hoy. ¡No cabemos en nuestro gozo!! El avión de carga ruso saldrá a las 22:00 de Punta Arenas y se estima que aterrice en el hielo de Patriot Hills sobre las 2:15 de la mañana.
 Es contradictorio. Por un lado nos alegramos porque volveremos a la civilización, pero por otro lado sentimos un poco de pena. Serán nuestros últimos instantes en un continente mágico, que nos ha cautivado y cuyo aliento lo hemos captado con fuerza. Hacemos el equipaje, metiendo en el petate la mayoría de nuestro material, y dejando algunas cosas en la mochila. Aprovechamos las últimas horas para caminar por los alrededores. Nos acercamos hasta la pista de hielo, caminando con cuidado para no resbalar, como un ritual de despedida de este entorno tan fascinante. Volvemos al campamento, donde las horas pasan rápidas. Sobre las 2:00 vemos por fin el Ilyushin surcando el cielo, como un punto solitario que se va acercando. Desde la lejanía, pues nos impiden acercarnos más por seguridad, vemos como posa sus enormes ruedas en el reluciente hielo sin apenas esfuerzo. El piloto, un verdadero fuera de serie, tiene dominada la situación. El ruido es ensordecedor y vibran todos los alrededores. Por fin, el avión se detiene, gira y regresa al inicio de la pista donde se para definitivamente. Cual hormiguitas, salen de su panza, unos nuevos expedicionarios, que pisan por primera vez suelo antártico. Nos recuerdan a nosotros unos 14 días antes.
Pasan unas horas entre que cargan y descargan el avión. Nos dan vía libre y nos vamos acercando al metálico monstruo. Últimas fotos y vídeo, últimos momentos entre hielo antártico, hasta que subimos la escalera y las fauces del “bicho” nos tragan irremediablemente. Los motores rugen y sin apenas enterarnos estamos sobrevolando la Antártida. Volvemos a la civilización, dejando atrás unos nuevos sueños cumplidos, bellos, que ya forman parte del recuerdo, de nuevas aventuras que sobrepasamos, complicadas situaciones vividas, e increíbles momentos de esfuerzo compensado. Como la vida misma, hemos nacido, crecido y madurado en la Antártida. Un Continente que como una madre nos acogió en su seno, y sobre el que fuimos felices.
Juan y Pablo, preparados para la vuelta a la civilización.
15ª/PATRIOT HILLS EL OASIS DE HIELO 8 Y 9/01/2010
Viernes y Sábado, 8 y 9 de Enero de 2010 (Patriot Hills, el oasis de hielo):
 La llegada a Patriot Hills ha sido todo un lujo, saboreando aún en nuestros paladares el aroma de la victoria. Este campamento situado en mitad de la nada, es un claro ejemplo de la buena gestión logística de la empresa que lo gestiona. Se trata de un campamento efímero que se monta y desmonta cada temporada. Está compuesto enteramente por carpas y tiendas de distintos tamaños: la carpa comedor, los baños, la tienda del médico, el barracón meteorológico, la tienda de telecomunicaciones, distintos almacenes y talleres y las destinadas a dormir. Cuál es nuestra sorpresa cuando nos muestran la que ocuparemos durante nuestra estancia y comprobamos su equipación. Dos camas con colchones y una mesilla. Para nosotros todo un lujo al que ya no estábamos acostumbrados. Pese a no tener calefacción, las 24 horas de luz reflejando la tienda, hacen que su temperatura interior no sea inferior a los 5ºC.
La carpa comedor es un túnel de unos 50 metros de largo, donde el personal de la base y expedicionarios, nos congregamos la mayor parte del tiempo. Revistas, juegos, ordenadores y libros componen esta sala. Contamos con bebidas frías y calientes a nuestra disposición en todo momento y los desayunos, comidas y cenas son un claro ejemplo de la exquisitez y profesionalidad de los cocineros de la base. Patriot Hills cuenta con tres pistas para los distintos aviones; la avioneta que vuela al campo base, otra de mayor tamaño que es la que cubre los vuelos al polo sur y la inmensa pista de hielo donde aterriza el gigantesco “Ilyushin”.
Pese a contar con prácticamente todo lo necesario, la base no da para mucho más. Por un lado emerge desafiante la cordillera de los Patriots, que a su vez sirve de parapeto del viento. Hacia otro lado, la vasta e infinita planicie antártica.
En el día de hoy hemos pedido a una de las personas del campamento que nos mostrase la cueva de hielo. Conocíamos de su existencia por distintos documentales y nos picaba bastante la curiosidad. Ahí es donde se almacenan todos los alimentos y sirve como un más que efectivo congelador. Excavada a mano bajo unos 7 metros de hielo, mantiene una temperatura continua de -22ºC. Sus distintos pasillos iluminados por diodos de bajo consumo, almacenan las reservas para toda la temporada.
La tarde del día 8, la hemos dedicado a hacernos fotos por las cercanías del campamento. Después de hacer las rigurosas y selectivas fotos para los distintos patrocinadores amigos y demás, hemos regresado a la tienda comedor a degustar nuevamente de una exquisita cena y de ahí a la tienda a intentar dormir de nuevo.
Para nuestro infortunio, andamos con los biorritmos un poco perdidos a casusa de las 24 horas de luz. Siempre nos levantamos con la sensación de no haber dormido lo suficiente, con lo que después del desayuno, regresamos nuevamente a la tienda a continuar por donde lo dejamos antes de que sonase el despertador. Por la tarde, después de comer, en medida de lo posible, intentamos tener algo más de actividad, pero cuando llega nuevamente la hora de dormir, nos suele costar horrores volver a conciliar el sueño. La tienda está totalmente iluminada por los continuos rayos de sol y pese a que nos tapamos los ojos con antifaces, en ocasiones nos dan altas horas de la madrugada bajo el sol eterno, sin poder conciliar el sueño. Eso sin contar cuando de repente te da un feroz ataque de gula y necesitas comer en mitad de la noche. Por mucho que estemos intentando ceñirnos a unos horarios, andamos algo necesitados de algo de oscuridad, una ducha y unas vestimentas más cómodas entre otras cosas.
 El día 9 de Enero, una vez más sin nada que hacer, aprovechamos la tarde para salir a dar un pequeño paseo por las cercanías. El tiempo estaba apacible e invitaba a ello, por lo que sin pensarlo, cogimos un rumbo y empezamos a caminar. A un par de kilómetros de Patriot Hills encontramos una base militar chilena semienterrada en la nieve. Como curiosos y entrometidos que somos, merodeamos de un lado a otro intentado encontrar una posible entrada. Nos llevó su tiempo pero finalmente conseguimos dar con ella y entre un; “Entra tú, no tú primero”, nos metimos en su interior. El silencio absoluto junto con el ambiente de misterio que rodeaba el entorno hacia que anduviésemos con pies de plomo, esperando que en cualquier momento saliese del lugar menos esperado algún tipo de alienígena devorándonos al instante. Desde luego que el lugar invitaba a ello. Era lo más parecido a cualquier escenario de una película de dicho género y aunque nos reíamos de ello, no descartábamos esa posibilidad. Anduvimos por los silenciosos pasillos y nos metimos en los diferentes barracones enterrados bajo metros de nieve. La visita cuanto menos nos sirvió para salir de la monotonía, desentumecer los cuerpos y echar alguna que otra risa.
Mañana supuestamente es el día acordado para que el “Ilyushin” venga a por nosotros y nos lleve de regreso a Punta Arenas. Sin embargo, tras revisar los partes meteorológicos empezamos a concienciarnos de que quizás no sea posible. Para que este gigante ruso pueda tomar tierra en la inmensa pista de hielo, hace falta que haya unas condiciones óptimas de tiempo y nada de viento. De lo contrario, a nada que una pizca de viento le azotase lateralmente al avión mientras circula por la pista, conllevaría un fatídico desenlace. Las previsiones auguran rachas que superan con creces las admisibles para el eficaz aterrizaje. Con lo que empezamos a concienciarnos de que quizás nuestro día de regreso pueda llegar a posponerse. Nos aterra la idea de pensar que en algunas ocasiones, el fuerte viento ha hecho que este vuelo se retrase hasta 12 días. 
Juan y Pablo, en Patriot Hills, un oasis en mitad de un desierto de hielo.
Club Deportivo 7 Cumbres
proyecto7cumbres@hotmail.com
14ª/ CAMPO II-CAMPO BASE-PATRIOT HILLS 07/01/2010
Jueves, 7 de Enero de 2010 (Campo II-Campo Base-Patriot Hills):
Las aventuras e historias que uno busca y formarán parte del recuerdo, no se acaban hasta que uno regresa a casa, o a un lugar cómodo fuera de todo peligro. Nosotros, aunque ya teníamos la cumbre de la Antártida en nuestros bolsillos, aún no podíamos bajar la guardia, pues todavía nos quedaba la larga y delicada bajada hasta el campo base. ¡Y eso es lo que nos disponíamos a hacer!
Des pués de la paliza de ayer, con el exitoso logro de haber ascendido la cumbre del Vinson, y poder sentir desde el techo de la Antártida la inmensidad de semejante continente pasando a formar parte de un pequeño pedazo de su historia; caímos rendidos en nuestros cálidos sacos de dormir. Esta mañana nos ha costado levantarnos. La pereza y el sentirnos tan a gusto dentro de la tienda nos impedía dominar nuestro lado más perezoso. Incluso Namgya nos llevó unas tortillas a la tienda que devoramos con ganas desde el saco.
Afuera hacía viento, pero el día era sencillamente espectacular, sin una nube en el horizonte y el sol oteando fuerte desde las alturas. Al salir de la tienda hacía frío. Fuimos recogiendo poco a poco nuestras pertenencias y las cargamos en las mochilas, que serían de nuevo las compañeras inseparables en este largo día. El campamento se desmonta por completo, pues hoy bajan hasta el campo base todas las expediciones. Solamente se quedan en las alturas Pachi y los 2 checos (Rudy y Pavel), que irán a intentar escalar el Monte Shinn, una montaña que se eleva majestuosa frente al Vinson. Así, debido a la ausencia de Pachi, hoy nuestro guía será Namgya, el sherpa Nepalí con el que hemos compartido expedición estos días.
 Decimos adiós al Campo II, bajo la atenta mirada del Shinn, y empezamos la bajada encordados hasta el campo base. Los primeros metros son fáciles y vamos disfrutando de las increíbles vistas, con el Monte Shinn a nuestra derecha y justo enfrente la planicie antártica que ya nos dejó maravillados anteriormente, con el Pico Pirámide emergiendo cual barco a la deriva en un mar de hielo eterno. La bajada continua, y en poco tiempo alcanzamos el inicio de las cuerdas fijas. Allí nos hidratamos y comemos, mientras dejamos que otras cordadas anteriores inicien su descenso. Disfrutamos de las aéreas vistas y nos ponemos en marcha. Bajamos por las cuerdas fijas anclados a las mismas con el arnés, y vamos deslizándonos por ellas pasando el brazo a su alrededor de forma que nos sirve de freno dinámico. Así, nos dejamos deslizar por las cuerdas bajando con velocidad por las aéreas rampas nevadas, bajo un paisaje incomparable. La sensación es increíble, pero somos conscientes de que cualquier paso en falso puede hacernos precipitar cientos de metros ladera abajo, por lo que andamos con cuidado. Así que a mitad de camino paramos a descansar y reponer energías. Continuamos la bajada, como siempre unidos a nuestras inseparables cuerdas, y los últimos metros ya se hacen más cansados. Pero con ánimo conseguimos por fin alcanzar el final de las cuerdas, tras 2 horas y unos 800 metros de desnivel continuo por esta ladera nevada.
Continuamos andando hasta llegar al Campo I, donde días atrás dejamos, semienterrados, los trineos y parte del material que no subimos al Campo II. Allí, bajo un espectacular día soleado, sin viento y con temperaturas no muy bajas, descansamos y empezamos a preparar los trineos, para proseguir con nuestra bajada hasta el Campo Base. Repartimos la carga entre el trineo y la mochila y aunque un poco cansados reanudamos la marcha, con unas ganas locas por acabar el día. La técnica del trineo ya la tenemos casi dominada, y se hace mucho más fácil caminar con la carga.
Tenemos por delante una bajada progresiva hasta el campo base, en la que vamos disfrutando del espectacular paisaje que nos envuelve. Caminando como de costumbre encordados para evitar una caída en alguna de las grietas que jalonan la ruta. A nuestra izquierda, el impresionante farallón rocoso que desciende del macizo del Vinson, nos va dejando sobrecogidos ante tanta belleza, con sus glaciares colgantes que descienden cerca de 2000 metros hasta el ancho valle glaciar por el que caminamos totalmente “congelados” ante la maravilla de la naturaleza que estamos contemplando.
Los trineos se deslizan sin esfuerzo por la nieve, mientras vamos devorando metro a metro el camino que aún nos queda por recorrer. Paramos de vez en cuando para plasmar en fotografías y en vídeo el paisaje circundante. Mañana serán pruebas de un recuerdo maravilloso, de un sueño realizado. Tras 3 horas de descenso alcanzamos a divisar en la lejanía las tiendas del campo base. Son los últimos metros, los últimos pasos de una expedición que va tocando su fin. Con alegría llegamos al campo base, donde nos reciben con abrazos y muestras de felicitación.
Descansamos, bajo un incomparable panorama, donde descubrimos la cima del Vinson, que se eleva majestuosa en la lejanía del valle. ¡De allí venimos, de su punto más alto! Apenas paramos cerca de media hora, cuando nos comentan que preparemos el equipaje, pues volaremos en la avioneta “twin-otter” que se encuentra en el campo base. Por un lado nos da pena abandonar la montaña, pero por otro lado nos reconforta poder descansar esta “noche” en Patriot Hills, donde hay mayores comodidades.
Cargamos el equipaje y enseguida, aprovechando la etapa de buen tiempo, la avioneta despega dejando atrás el campo base. Ya en el aire, no podemos contener la alegría de sobrevolar un paisaje montañoso tan mágico. Cientos de montañas, forman una larga cadena montañosa, de la cual el Vinson es su punto más alto. Distinguimos el Monte Shinn, el Tyree, el Epperly, el Gardner, etc. Las vistas son sencillamente espectaculares, con montañas elevándose sobre un pasaje blanco e inaccesible. Muchas de ellas no han sido escaladas aún, y seguro que se mantendrán vírgenes por mucho tiempo. La inaccesibilidad del lugar se encargará de ello. La avioneta sigue su curso y no podemos parar de grabar y hacer fotos, a pesar de que la ventanilla se congela cada dos por tres. El paisaje nos tiene hipnotizados.
La larga cordillera Ellsworth va quedando atrás en el horizonte y a un lado podemos divisar cientos de montañas que surgen como islas en un mar de hielo. La vista es increíble, aristas afiladas, glaciares colgantes, cimas rocosas sobre la gran planicie eterna que envuelve con firmeza sus tesoros. La eterna llanura antártica nos deja obnubilados, con su inmenso tamaño que se extiende por todo este mágico continente. Es enorme, y se funde en el horizonte con el azul del cielo. Al divisarla, uno deja volar su imaginación y se acuerda de las grandes gestas antárticas, aquéllas donde el hombre buscaba llegar al polo sur. Grandes hombres y grandes aventuras que han tenido como escenario la vasta plataforma antártica. No podemos olvidarnos de ellos; del gran Ernest Shackelton, uno de los pioneros y un ejemplo de un buen liderazgo, siempre pendiente de la seguridad de sus hombres. Del “perdedor” Scott, que derrotado por su eterno rival Amundsen en ser el primer hombre en alcanzar el polo sur, falleció junto con sus 4 compañeros en el trágico regreso. Y del enigmático Roal Amundsen, primer hombre en llegar al Polo Sur, un ejemplo de buena organización en expediciones antárticas. La lista de hombres es larga, y sus nombres estarán siempre ligados al continente blanco.
Dejamos volar nuestros sueños y en 1 hora y media la avioneta desliza sus esquís sobre la pista de nieve de Patriot Hills. Hemos regresado a la “civilización antártica”. Ha sido un día largo, pero esta noche descansaremos a gusto. El día 10 de Enero está planeado que el avión ruso de carga “Ilyushin” nos lleve de vuelta a Punta Arenas, por lo que estaremos en Patriot Hills 2 días, descansando y más relajados, después de los días de alta montaña.
Juan y Pablo, de vuelta a la “civilización antártica”.
13ª/ Y VINIERON LOS REYES MAGOS CON REGALOS 06/01/2010
Miércoles, 6 de Enero de 2010 (y vinieron los Reyes Magos con los regalos):
Hoy es el gran día y tan sólo por el hecho de pensarlo ha sido complicado pegar ojo en toda la “noche”. A primera hora de la mañana Pablo se quita uno de los tapones de los oídos, que se solía poner para evitar que el sonido del viento le dejara dormir. Sin embargo, un más que abrumador silencio rodea el entorno. Juan, a su lado, se quita los varios pares de guantes que cubren su mano izquierda y comprueba que su dedo congelado no ha empeorado durante la “noche”, con lo que tendrá opciones de afrontar este nuevo reto. Parece que ha llegado el momento de demostrar de lo que somos capaces. Suena el crujido de la cremallera de la tienda y ambos salimos al exterior, siempre con la mirada hacia arriba, hacia las huellas que conducen a la cumbre del Monte Vinson. El cielo está tan claro como la pureza del aire que respiramos y el viento está tan estático como los cientos de glaciares que descienden hacia los valles. Esto debe de ser la señal que esperábamos. Salimos hacia la tienda comedor, donde todos nos aguardan. Los nervios hacia el desafío que nos espera hacen que Pablo no coma lo debido, quizás uno de los errores más comunes que suele tener. Juan, por el contrario, se atiborra todo lo que puede para reponer energías. No quiere que le ocurra la “pájara” que sufrió durante la subida al Campo II.
A las 9:45, vestidos como auténticos astronautas comenzamos a andar en busca de nuestra gloria personal. Son 4 las expediciones que ya han partido y podemos observarlas en su vago caminar ladera arriba. El ínfimo tamaño con que les vemos serpenteando en la lejanía hace que nos demos cuenta de las más que grandes distancias que nos esperan. Encordados nuevamente, comenzamos a dar los primeros pasos. Las distancias son tan largas como la jornada que nos queda por delante. Con paciencia, paso a paso, vamos ganándole terreno a la montaña a la vez que acortando las distancias con las expediciones que nos preceden.
Hora y media más tarde conseguimos coronar la primera pala de nieve y dar alcance a una numerosa expedición. Es entonces cuando conseguimos ver por primera vez la cima del Vinson. Sola en la lejanía, sobre un majestuoso farallón rocoso, imponente y tan alejada que da vértigo pensar todo lo que nos queda por delante. Sin embargo, el verla por fin tan accesible acompañados de tan hermoso día, es como un nuevo chute de motivación; así que seguimos caminand o por el inmenso plató que apenas tiene inclinación. Al final de éste hacemos la primera parada, llevamos 2 horas desde nuestra partida. Ni siquiera podemos acercarnos para el descanso, pues debemos guardar la distancia a la que estamos encordados. Nunca se sabe donde puede haber enterrada una traicionera grieta, que con el peso de nuestros cuerpos colapsase la zona y vernos engullidos por el abismo del glaciar. Así que: un par de tragos y algunos geles energéticos y vuelta a la faena.
Tras este largo plató comienza nuevamente la pendiente, esta vez con más fuerza que la anterior. Tan solo se escucha el crujir de nuestros crampones al pisar el milenario hielo antártico. En ocasiones este sonido varia dependiendo de la dureza del mismo y en otras ocasiones caminamos en vilo ante el crujido hueco que nos desvela que caminamos sobre una amplia y profunda grieta tapada por una fina capa de hielo.
Hacemos una muy larga tirada donde adelantamos a otros cuatro miembros de una expedición. Poco después, extasiados y deshidratados hacemos una nueva parada. Llevamos 4 horas desde nuestra partida y estamos extenuados. Dicen que la sequedad del ambiente hace que la altitud se sienta como si estuviéramos 500 metros más arriba de donde realmente nos encontramos.
La larga distancia que llevamos recorrida, sumada a los 4500 metros a los que nos encontramos y al desnivel acumulado que llevamos, hacen que lleguemos muy justitos a esa parada. Sin embargo, el tiempo acompaña y la temperatura no es excesivamente baja, con lo que demoramos esta parada hasta habernos repuesto e hidratado correctamente. A nuestros pies, observamos la hilera de escaladores que hemos ido adelantando por el camino. A nuestras espaldas, el farallón rocoso y la cima que casi parece estar al alcance de nuestras manos.
 Reanudamos nuevamente la marcha hasta un nuevo plató con poca pendiente, dejando la cima a mano derecha. El paso se ha visto claramente ralentizado por la altitud y el cansancio acumulado. Sin embargo, continuamos con nuestra lucha personal por llegar hasta lo más alto. Una nueva pendiente con mucha mayor inclinación hace que dejemos de lado los bastones y agarremos el piolet, en previsión de una posible caída. Progresamos a pasos laterales para ir avanzando progresivamente por la fuerte pendiente. Paramos cada pocos pasos a intentar recuperar el aliento, hasta que por fin conseguimos llegar hasta al collado cimero, a apenas 50 metros de desnivel de la cima.
Ahí hacemos una última parada para intentar hacer el último aporte energético que nos acerque hasta la cumbre. También nos equipamos con nuestras más cálidas vestimentas y nos preparamos para el frio de la arista cimera. Los últimos metros que distan a la cima, discurren por una vertiginosa y escalofriante arista colgando al vacío. Ésta tiende a estar expuesta a los fuertes y fríos vientos, así que dado que nos encontramos en un lugar “cómodo” a pocos metros de la misma, nos equipamos en previsión.
Pablo se siente algo aturdido por la altitud. Estamos a las puertas de los pasajes más técnicos de la ruta y encontrarse en ese estado no es muy conveniente, por lo que se plantea bajar. Sin embargo, la sed de gloria, triunfo y recompensa a todos estos días de sufrimiento, no hacen mermar sus esperanzas y brinda sus últimos esfuerzos en beneficio de la ansiada cumbre. A diferencia de la subida al Campo II, Juan se encuentra con muchas fuerzas, tanto mentales como físicas, ante el reto venidero. La subida la ha hecho a buen ritmo, comiendo y bebiendo lo adecuado para no sufrir otro decaimiento, y se encuentra ahora realmente exultante, en su punto álgido de forma.
 Acortamos las distancias de cuerda entre Pachi y nosotros para tener una mayor cercanía y seguridad. Los últimos pasos tienen una fuerte pendiente y con toda la vestimenta, que no hace más que sentirnos patosos, se hace muy difícil progresar. Con paso lento, pero firme, zigzagueamos por unos filos rocosos hasta que por fin coronamos la arista cimera. Nos encontramos muy contentos. Sin embargo, aún quedan 200 metros para conseguir llegar hasta el mismísimo culmen del Continente Antártico; 200 míseros metros sin apenas desnivel. El tiempo ha ido empeorando y la zona cimera se encuentra cubierta por nubes que nos impiden ver el paisaje circundante. Pero si que nos percatamos claramente del autentico abismo se abre ante nuestros pies, llamándonos con ferocidad a cada lado. La única cordada que no hemos conseguido adelantar, Rob-Peter-Steve, se encuentran en la cima y nos dan gritos de aliento desde la lejanía. Cada paso se hace un suplicio, un logro, todo un desafío a paso de tortuga. El olor de la victoria ya se encuentra cerca y las primeras lágrimas de emoción comienzan a brotar por el rostro helado, un paso más, otro…
- Pablito, estamos en la cumbre, grita Juan entre sollozos!!!! Para entonces Pablo ya no puede argumentar palabra alguna, la emoción le tiene inundado. Con un paso más, la cordada se une en la cima de la montaña más alta del Continente Antártico, a 4897 metros de altitud. Un nuevo logro, una victoria nuevamente compartida que se funde en un abrazo de emoción. Entre lágrimas que comienzan a solidificarse como la historia que escribimos día a día con nuestro proyecto.
Apenas somos capaces de expulsar palabra alguna, quizás sea porque no existan esas palabras, quizás aún no se hayan inventado. Estamos en la cima del Monte Vinson, más que un sueño hecho realidad. Tras muchos años de trabajo, hemos conseguido hacer una fantasía realidad y ahí estamos, con un Continente tan mágico como éste rendido a nuestros pies, arrodillados sobre el hielo eterno, sumidos en un abrazo.
Después de 7 horas de ascensión, luchamos porque las lágrimas no se congelen sobre nuestros rostros desencajados por el cansancio. ¡Qué grande es la vida en la que luchamos por sobrevivir, qué grande la vida en la que luchamos en cuerpo y alma por conseguir un sueño y que grande es lograrlo en compañía! Aquí es donde todas las preguntas encuentran su respuesta. Es el momento sublime que estábamos buscando, con un camino lleno de obstáculos que hemos ido sobrepasando, como aventureros que buscamos más allá de nuestros límites, adentrándonos en lo desconocido para conocer, para sentir, para admirar con otros ojos, desde las alturas, el mundo que nos rodea.
Como buenamente podemos, entre la maraña de cuerdas, nos levantamos para compartir nuestra alegría con Pachi, nuestra guía, que nos ha ayudado a alcanzar la gloria y ahora comparte nuestra victoria con alegría y emoción.
En el día de hoy, todo ha conspirado en nuestro beneficio: la temperatura, el viento, las grietas que aguantaron a nuestro paso la congelación del dedo de Juan que pareció detener su evolución durante este día y nuestras fuerzas que nos mantuvieron en pie hasta lo más alto. Sin embargo, no queremos subestimar nuestra fortuna, Pablo aún sigue resintiéndose de la altitud y es preferible perder altura cuanto antes.
Con la victoria en un bolsillo, cualquier error durante la bajada podría hacer que perdiéramos nuestra fortuna. Así que bajamos prestando cuidado a cada paso, con pies de plomo.
Finalmente salimos de la vertiginosa arista y comenzamos a caminar por las pendientes que horas atrás habíamos pisado. Tres horas más tarde, llegamos nuevamente al campamento, donde los miembros de las demás expediciones nos felicitan y abrazan a nuestra llegada. Lo conseguimos, lo conseguimos…….
Pablo, Pachi y Juan meciendo la victoria entre sus brazos.
12ª/ CONGELACIÓN ANTÁRTICA 05/01/2010
Martes, 5 de Enero de 2010 (congelación antártica en el día de descanso en Campo II):
Una de las características que definen a las personas que buscan hacer realidad sus sueños es la paciencia y la perseverancia. El empuje y la necesidad que sienten por buscar sus sueños, más allá de las adversidades que te imponga el entorno o de tus propias limitaciones personales. Eso se ha hecho patente hoy día de nuevo, y nos devuelve a la realidad de que nada se consigue sin esfuerzo, paciencia o superación.
La “noche” ha pasado sin contratiempos, a pesar del constante viento que ha barrido con fuerza el campamento. Sin embargo, al levantarnos, una sorpresa nos atrapa duramente. Una maldita calamidad que se gestó silenciosamente hace 2 días, al llegar al Campo II. Ante la emoción de llegar al final de una etapa agotadora, y entre lágrimas, Juan grabó con la cámara de vídeo inmortalizando semejante momento, sólo con sus guantes finos. El frío penetró en su cuerpo y durante todo el día siguiente los dedos de su mano izquierda sufrieron un ligero cosquilleo. Sin embargo, al levantarse hoy día, a pesar de notar una gran mejoría en toda la mano, el dedo índice empeoró ligeramente, presentando una zona blanquecina con poca sensibilidad, en un lateral de la uña, signo evidente de un inicio de congelación. La preocupación de Juan ante este nuevo obstáculo se hace patente. A pesar de que la congelación del dedo no reviste una gran gravedad, la exposición a un frío intenso podría agravar la misma hasta tener efectos irreversibles. La presencia también en el campamento de 2 personas con graves congelaciones en las manos, nos enfrenta a la realidad del frío y sus efectos adversos.
 Nos levantamos, vestimos y vamos a desayunar a la tienda comedor. Allí, los guías Pachi, Rob y Namgya ven la pequeña congelación de Juan; junto con los compañeros de expedición, gente experta en congelaciones en montaña, como los 2 checos (Rudy y Pavel) o Steve. Su veredicto es que no es muy grave, superficial, pero hay que mantener caliente el dedo y evitar bajo todo momento que se exponga al frío, pues podría empeorar rápidamente. Así, la mano izquierda de Juan, pasa a convertirse en algo más parecido a una cebolla, de tantas capas que pasa a tener: primero 1 guante fino recubre la mano, luego otro guante fino más caliente por encima, y finalmente una caliente manopla de plumas cubriendo la mano. Y entre medias de los guantes una bolsita calentadora que genera calor durante varias horas. Además, el día de descanso de hoy vendrá bien para seguir la evolución del dedo de Juan.
Fueron pasando las horas, descansando en la tienda y cuidando el dedo todo lo posible. Tanto tiempo en busca de un nuevo sueño, y cuando lo tienes al alcance de tu mano, resulta que tienes un dedo congelado que quizás te impida proseguir adelante. La salud es lo primero, pero ante una situación tan incierta, la mente sólo piensa en poder subir arriba. Por la tarde, Rob y Pachi llamaron al médico del campo base y le explicaron la situación de la congelación de Juan. La decisión del médico iba a ser la definitiva. Si su veredicto era que Juan no subiera, él lo acataría sin problemas. La espera se hizo interminable, hasta que Pachi aparece por la tienda comedor, donde reponíamos energías, y nos comenta que el médico dice que la congelación de Juan no es muy grave, que puede ascender al día siguiente, pero extremando las precauciones, y en caso de hacer mucho frío tendría que darse la vuelta.
La incertidumbre dio paso a la alegría, al empuje que te hace seguir hacia delante. Animados pasamos el resto de horas, ya con la mente enfocada en el ascenso del monte Vinson. Además, para completar la jornada, nos informan que mañana hará buen tiempo, con poco viento y temperaturas no muy bajas. ¡Eso esperamos!
Con ganas e ilusión volvimos a las tiendas. ¡Un nuevo reto nos esperaba!
Juan y Pablo, a la espera del gran día.
11ª/ UN DESCANSO POR TODO LO ALTO 04/01/2010
Lunes, 4 de Enero de 2010 (un descanso por todo lo alto):
Después del agotador día de ayer, toca descansar el cuerpo y la mente. Sin embargo, el viento no para de agitar la tela de la tienda y cuesta conciliar el sueño. Finalmente decidimos ponernos en marcha. Salir de la tienda es una tarea que lleva su tiempo, comenzando por la más que perezosa faena que es salir del abrigo del saco y continuando por la rutinaria tarea de irte poniendo capas de ropa hasta adaptar tu vestimenta a la temperatura exterior, ponerte las botas y todo ello en el más reducido espacio.
Las condiciones del viento y el más que destacado cansancio arrastrado por el día anterior hace evidente que hoy toca día de descanso. Tras salir de la tienda vamos a la carpa comedor a intentar comer un poco y de ahí nuevamente a la tienda a dormitar. Un tema a tener en cuenta en este campamento, así como en los anteriores, es dónde hacer tus necesidades. Toda actividad realizada en la Antártida, está sujeta al Tratado Antártico, el cual obliga a no dejar ningún residuo orgánico en este continente, o contaminar lo menos posible. Por ello, todos los campamentos cuentan con un agujero en la nieve, que es el único lugar donde los expedicionarios pueden orinar. Tras un muro hecho con bloques de hielo se coloca sobre un cubo la bolsa de residuos orgánicos que nos han dado y se depositan las heces, que luego deberemos bajarla hasta el campo base.
En el día de ayer, fuimos varias las expediciones que decidimos ascender al campamento de altura, que apenas dista a una jornada de la ansiada cumbre. Todas las expediciones sufrimos las inclemencias del frío y el fuerte viento y al parecer un par personas pertenecientes a otra expedición, sufren graves congelaciones en los dedos; lo cual nos verifica que la situación del día anterior podía haber sido más peligrosa de lo que finalmente resultó.
Nos encontramos aislados en este campamento. Las condiciones no son buenas para moverse de aquí, así que sin apenas pensarlo, nos resignamos a pasar gran parte del día metidos en la tienda, durmiendo, escuchando música, escribiendo y trasteando con el más mínimo detalle que pueda darnos algo de entretenimiento. Sin embargo, después de tanto sufrimiento encontramos un aliciente que nos devuelve la motivación y el sentido de porqué subimos montañas. Nuestro campamento se encuentra en una repisa y a apenas 20 metros de nuestra tienda encontramos una de las más impresionantes vistas que jamás hayamos podido ver en nuestras vidas.
Entre la mezcla de sonido que desprende nuestras pisadas sobre el crujiente hielo y la brisa del viento, llegamos hasta el pie de la misma terraza. A 800 metros bajo nuestros pies, se puede ver el Low-Camp, insignificante entre todo el valle glaciar por donde ascendimos ayer. Más al fondo, hasta donde nuestra vista alcanza a ver, se vislumbra la infinita, blanca y radiante planicie antártica; con algunos riscos rocosos y enormes glaciares intentando destacar entre el monótono blanco infinito.
El sol nos pega de frente haciendo más agradable la estampa que no nos cansamos de disfrutar, creando a su vez un increíble juego de luces que encarna de magia el lugar en el que nos encontramos. Es entonces cuando de nuevo todo cobra sentido y recuperamos nuevamente el sentimiento por el cual escalamos montañas. Un regalo, como puede ser las vistas que tenemos ante nosotros, sería imposible obtenerlo en otro lugar que no fuera éste. El continente blanco, la Antártida con la que tanto soñamos nos da las razones por las cuales el destino nos hizo venir desde tan lejos.
Juan y Pablo, descubriendo un espejismo real ante nuestros atónitos ojos.
10ª/ ASCENSO AL CAMPO II 03/01/2010
Domingo, 3 de Enero de 2010 (Ascenso al Campo II, High Camp, 3850m):
Es difícil explicar qué motiva a los montañeros a esforzarse duramente, a veces hasta sus límites, para poder ascender por esas moles de roca, hielo y nieve, que son sus soñadas montañas. Hoy ha sido uno de esos días, en los que uno se cuestiona el porqué de la búsqueda de las alturas, donde todas las preguntas tienen sentido, o no; ¡depende de quién las haga!
El día comienza con muy buen tiempo. La Antártida nos sigue brindando su más bella faz. Desayunamos en compañía del resto de expedicionarios y preparamos las mochilas, cargando lo imprescindiblemente necesario para poder pasar unos días en el Campo II. 25Kg serán la sombra que nos acompañe durante el día de hoy. El resto de material lo dejaremos en el Campo I.
Iniciamos la marcha a las 14:30, caminando encordados con Pachi sobre el valle glaciar donde nos encontramos. En apenas 1 hora alcanzamos el punto clave de la ruta. Despegamos del valle y comenzamos el vertiginoso ascenso durante cerca de 1000 metros por una ladera muy empinada que asciende hasta el Campo II. Toda la subida por esta inmensa pala de nieve está equipada con cuerdas fijas a las que nos anclaremos para minimizar riesgos en caso de una caída.
El ascenso lo iniciamos a buen ritmo, incluso adelantando a otras expediciones que habían salido antes. Gradualmente, con ánimo y muy motivados, vamos ganando altura. Avanzas un pie hacia delante, luego el otro pie, elevas el brazo y tensas tu asegurador a la cuerda con un aparato bloqueador. Así sucesivamente, metro a metro, ganando altura, disfrutando del increíble abismo que se abre bajo nuestros pies. Pero al mirar hacia arriba nos dábamos cuenta que aún queda mucho por recorrer.
El tiempo acompaña y de momento no hace mucho frío. A mitad de ladera paramos en una pequeña terraza rocosa que nos brinda un reposo oportuno para descansar del esfuerzo realizado. Allí comemos y nos hidratamos, antes de proseguir la subida. Seguimos avanzando, pero tras ascender varios metros el esfuerzo va cobrándose su precio y el ritmo se enlentece, se aminora, a la vez que la pendiente adquiere una mayor verticalidad. Todo adquiere una nueva dimensión: dejas de ir admirando el entorno que te rodea, dejas de hacer fotos, de grabar en vídeo. Sólo te limitas a ver, bajo las empañadas gafas de sol, el limitado terreno nevado que tienes enfrente de tus pies. Con el cuerpo encorvado vas preguntándote por qué te gusta escalar montañas. Aún así, seguimos hacia arriba anclados a las cuerdas fijas que nos brindan una pizca de seguridad sobre la boca del abismo.
Finalmente, tras una travesía lateral, conseguimos salir de las cuerdas fijas y continuamos el ascenso por una ladera de nieve de menor inclinación. El camino es bastante menos exigente, pero el cansancio acumulado hace que no sea así. Para colmo de nuestros males, al cambiar de pendiente, nos vemos en una zona mucho más expuesta a los fuertes y helados vientos que provienen del collado Shinn.
Ahora queda por recorrer un terreno menos inclinado, pero lo que podría haber sido un mero “paseo” se convierte en todo un suplicio. Las horas acumuladas, junto con el no haber comido ni bebido desde la última parada hacen que Juan se resienta. Apenas puede dar unos pasos, antes de que tenga que parar a respirar varias bocanadas de aire de seguido. Sufre hiperventilaciones que le hacen preocuparse bastante a él y a Pablo, que observa como su amigo se encuentra en una situación complicada. El ritmo se ralentiza, acompasado al paso de Juan. Dado que todo el grupo se encuentra unido a través de la cuerda, el ritmo lo marca el más lento de la cordada, la cual queda expuesta a las inclemencias del tiempo. Pablo también se encuentra cansado y las frecuentes paradas de Juan le acaban por pasar factura. El frío, junto con el viento, hacen que la sensación térmica ronde los -30ºC.
Es hora de preguntarte si tanto cansancio y esfuerzo merece la pena. De si acercarse tanto a tus límites es aconsejable. Para nosotros la respuesta comienza a no estar tan clara, pero aun así seguimos paso adelante.
La ladera parece no tener fin y el campamento parece que nunca va a aparecer por el horizonte. La situación se va complicando a cada paso y la temperatura sigue empeñada en descender ante la impotencia de todo el grupo. Juan apenas es capaz de dar cinco pasos sin tener que parar a recuperar el aliento. La situación empieza a ser crítica, hay que salir de ahí cuanto antes.
Finalmente con mucho esfuerzo, cansancio, y un sinfín de palabras que daría vértigo leer, conseguimos alcanzar el Campo II a 3850 metros de altitud tras 7 horas de duro ascenso. Tras deshacernos de las enormes mochilas, nos abrazamos con fuerza entre nosotros y con Pachi. Hemos llegado demasiado justos y somos conscientes de ello. Sabemos que podría haber ido peor. El frío glacial ventea el campamento y las lágrimas heladas recorren nuestras caras al vernos de nuevo a salvo bajo la “calidez” de la tienda.
Juan y Pablo, extenuados después de un día muy duro en alta montaña.
Club Deportivo 7 Cumbres.
proyecto7cumbres@hotmail.com
9ª/ VISITANDO LAS PIRÁMIDES 02/01/2010
Sábado, 2 de Enero de 2010 (visitando las pirámides) :
Durante la supuesta noche de hoy, hemos pasado bastante frío. Al despertar todo el interior de nuestra tienda se hallaba sumido bajo una gruesa capa de escarcha. Nuestros sacos de dormir eran totalmente blancos, las botellas de agua eran un sólido bloque helado y con tan solo rozar la tela del techo de la tienda, comenzaban a desprenderse trocitos de hielo formando una auténtica nevada en el interior. No cabemos en nuestro asombro cuando nuestra guía Pachi nos dice que su termómetro le marcó -42ºC a las 10:00.
 Pese a contar con 24 horas de luz diaria, el valle en el que está situado el campamento I se ve cubierto por la sombra del Vinson entre las 3:00 y las 11:00, concentrándose ahí las horas de menor temperatura. A media mañana el sol comienza a reflejar en la tienda y la temperatura se hace bastante más agradable. Resulta más que curioso que, cuando el viento no sopla, el calor que llega a concentrarse en el interior de la carpa alcanza los 25ºC, que contrastan con los -15ºC del exterior. Esperamos tranquilamente a que el sol siga su curso y termine de expulsar las zonas sombrías del valle en el que nos encontramos. La mañana está un poco venteada, pero aun así, a las 16:00 nos aventuramos a hacer una incursión hasta un collado cercano al campamento.
Nuevamente salimos encordados para evitar poder caer bajo el abismo de alguna grieta traicionera. El collado se ve cercano, pero la progresión se hace lenta ya que hay que ir abriendo huella. El viento azota con crueldad nuestros cuerpos, levantando a su vez una brisa de nieve que se va pegando a nuestra ropa. Pese a ello no nos rendimos y continuamos cabizbajos, pero con paso firme.
 Tras una hora atravesando el plató, conseguimos llegar al último repecho que nos llevará hasta el collado. Los últimos pasos se hacen duros pero por fin conseguimos hallar la recompensa. A nuestros pies se abre la inmensidad antártica que llega poco más que hasta donde nuestra vista alcanza y en el medio de ésta, como un capricho de la naturaleza, se halla el Pico Pirámide, con sus perfectas y estilizadas aristas. Las vistas son impresionantes y durante un momento parece no importarnos mucho el frío que estamos sufriendo. Pronto se nos une la cordada de Rob-Peter-Steve y disfrutamos juntos de la magnífica función. Sin embarco el frío comienza a hacer mella y optamos por regresar nuevamente al campamento. A nuestros lados se abren las montañas que componen el inmenso valle glaciar. Especialmente nos llama la atención la de nuestra izquierda; vertiginosa, con sus glaciares y farallones de hielo desafiando a la gravedad, y que será la que nos toque ascender en el día de mañana. De reojo miramos los casi 1200 metros de cuerdas fijas que descienden desde lo más alto e intentamos ir mentalizándonos de lo que nos espera.
A última hora de la tarde, con el sol tan reluciente como a cualquier hora, llegamos nuevamente al campamento. Nos reunimos todos en la tienda comedor a intentar recuperar las energías consumidas, hasta que por fin, llega la hora de acostarse. De nuevo nos metemos en los sacos, nos vendamos los ojos intentando fingir la oscuridad de una noche inexistente y nos enfrentamos nuevamente a clausurar un día.
Juan y Pablo, mentalizándonos para lo que nos espera
8ª/ ASCENSO AL CAMPO I 01/01/2010
Viernes, 1 de Enero de 2010 (Ascenso al campo I, Low Camp, 2750m):
¡Qué mejor forma de empezar el año que rodeado de montañas y ascendiendo por sus laderas en un día soleado en medio de la Antártida! Hoy nos hemos sentido dichosos por estar en un lugar tan especial, tan lleno de encanto, que tan difícil es de explicar con palabras. ¡Sencillamente indescriptible!
Debido a las 24 horas de permanente luz, una de las cosas buenas que tiene la Antártida es que no hace falta madrugar. Hoy nos hemos llevado una sorpresa: ¡hace buen tiempo! Sin nubes en el horizonte podemos contemplar asombrados el farallón rocoso del Monte Vinson enfrente nuestra. La vista es tan espectacular que no cabemos en nuestro gozo. Después de varios días con mal tiempo, la Antártida nos brinda su más bello paisaje.
 Desayunamos en la carpa comedor y acto seguido nos disponemos a preparar los trineos que utilizaremos hoy en nuestro ascenso al Campo I, también llamado Low Camp. Dichos trineos nos permitirán llevar más carga, y su uso es factible debido al ascenso gradual de la etapa en este día. En total llevaremos unos 20 Kg en el trineo más unos 15 Kg en las mochilas que cargamos a las espaldas. A las 13:30 por fin, con unas ganas locas, iniciamos el ascenso. Vamos encordados con nuestra guía Pachi, pues durante el recorrido atravesaremos algunas grietas traicioneras, que debido a la nevada de estos días estarán tapadas. Es la primera vez que llevamos unos trineos, pero la práctica la cogemos pronto y avanzamos con ánimo. Cuando llevábamos recorridos una parte del recorrido, la Antártida y su sol austral nos regalan un fenómeno increíble. Rodeando al sol, un arco iris circular nos deja estupefactos. Nunca habíamos visto algo similar. Pero el regalo no está completo aún, pues el viento al levantar la nieve deja en suspensión partículas de nieve formando la conocida “lluvia de diamantes”, una verdadera maravilla de la naturaleza.
Seguimos adelante, esta vez justo debajo de la inmensa pared rocosa que desciende del Vinson. Los amplios corredores, con sus glaciares agrietados nos hacen sentirnos como hormigas ante tanta inmensidad. Vamos avanzando paralelos a este farallón r ocoso durante varios kilómetros disfrutando del ambiente antártico, a pesar del cansancio y el esfuerzo que supone el trayecto de hoy. Por fin, tras unas 5:30 horas de marcha alcanzamos el Campo I, a 2750 metros de altitud. Hemos subido unos 600 metros de desnivel en el día de hoy.
Una vez en el campamento nos disponemos a preparar el terreno sobre la helada nieve, para montar las tiendas y poder descansar después de esta jornada. Las tiendas las montamos resguardadas del viento detrás de un muro hecho con bloques de hielo. También tenemos una tienda comedor triangular montada sobre un agujero en la nieve donde se han esculpido en el hielo asientos a los lados y una parte para cocinar; un lugar donde no se está nada mal. La cena que nos preparan los guías Pachi, Rob y Namgya nos sabe a gloria; y junto con los 2 checos (Rudy y Pavel), Steve (Nueva Zelanda) y Peter (Australia) disfrutamos del momento.
La vista del campamento es espectacular. Nos encontramos en una amplia llanura, justo debajo de la pared del Monte Vinson, donde se intuye la subida que nos esperará en los próximos días para ascender al Campo II. A un lado se observan varias montañas pertenecientes a la Cordillera Ellsworth, como el Monte Epperly y el Monte Shinn. Un panorama espectacular, como pocos hemos visto en nuestras vidas.
Bajo la luz permanente de la Antártida, nos metemos en la tienda a descansar.
Juan y Pablo, desde el Campo I, llenos de optimismo antártico.
proyecto7cumbres@hotmail.com
7ª/ NOCHEVIEJA ANTÁRTICA 31/12/2009
Jueves, 31 de Diciembre de 2009 (nochevieja Antártica):
No sabemos que tendrán las “noches” en la Antártida que, pese a no contar con ninguna mísera hora de oscuridad, dormimos a pierna suelta. Hoy una vez más, tras 9 horas durmiendo del tirón, llegamos tarde al desayuno.
Mientras dormíamos no ha parado de nevar y ventear, con lo que al levantarnos nuestra tienda estaba cubierta por un manto de nieve de unos 15 centímetros de grosor, que tuvimos que quitar para que el peso de la nieve no venciera la estructura de la tienda. Evidentemente no era el día apropiado para partir hacia el campamento uno. La visibilidad apenas se limitaba a unos 30 metros y por fin hemos conocido de primera mano el denominado “whiteout”. Este temido fenómeno antártico se manifiesta en los días de niebla o ventisca. El cielo y el suelo se funden en un único escenario. Todo se ve absolutamente blanco y es imposible distinguir los distintos relieves, el cielo de la nieve, un escalón de un agujero, tan solo alcanzas a ver un blanco infinito.
Afortunadamente, nosotros estábamos al resguardo del campamento base, y tan sólo los 30 metros que distan nuestra tienda de la carpa comedor y de ésta al servicio, son los únicos recorridos que hemos hecho en todo el día. Después del desayuno hemos regresado nuevamente a la tienda. El tiempo no acompañaba ni siquiera para poder pararte a hacer algunas fotos. Los -18ºC, junto con el viento, hacían que la sensación térmica fuera de cerca de -30ºC, con lo que la mejor opción era ir a la tienda a dormir un poco, escuchar música y poco más. Demasiado a pecho nos lo hemos tomado, ya que nos hemos levantado a las 16:00. Ya habíamos perdido la hora de comer y como ya no podíamos hacer nada por remediarlo y en el exterior seguía haciendo el mismo tiempo, nos hemos quedado en la tienda esperando a que llegara la hora de cenar.
A las 19:00 salíamos de la tienda y hacíamos unas llamadas a la familia a través del teléfono satélite, ya casi habíamos pasado por alto que hoy era Nochevieja. Después fuimos a la carpa comedor y mantuvimos una agradable cena en compañía del resto de miembros de otras expediciones. A las 8:00pm nos pusimos a celebrar la Nochevieja, éramos los únicos a celebrarla a esa hora, pero el resto nos acompañaron. Poco a poco hemos ido celebrando distintas Nocheviejas según los distintos horarios. En un cálido ambiente, con -22ºC esperándonos tras la puerta.
Pese a todas las adversidades, en el campamento base estamos a la espera de que el tiempo mejore y podamos emprender la ascensión valle arriba en busca de nuestro destino. Sabemos que las nevadas de estos días dificultarán bastante la progresión, pero contamos a nuestro favor con bastantes días de margen y un buen sentido del humor en una Nochevieja como ésta.
Juan y Pablo, tomando uvas con champán a -22ºC, sumidos en una tempestad antártica.
Club Deportivo 7 Cumbres
proyecto7cumbres@hotmail.com
6ª/ ASCENSIÓN MONTE ORIO 30/12/2009
Miércoles, 30 de Diciembre de 2009 (ascensión al Monte Orio, 2800m):
A pesar de las 24 horas constantes de luz, hemos dormido del tirón casi 9 horas. La tienda es cómoda y nos encontramos a gusto dentro de ella. Al salir a la inmensidad blanca nos quedamos sobrecogidos. A nuestras espaldas se intuye entre las nubes el inmenso farallón rocoso del macizo del Vinson, y a nuestro alrededor los glaciares colgantes que caen de las montañas cercanas nos dejan perplejos. Todo es tan blanco que parece irreal. El tiempo no es muy bueno, con muchas nubes, que dejan entrever a ratos pedazos de cielo azul. El Vinson no nos ha recibido como nos hubiera gustado, pero el goze que tenemos de estar en pleno suelo antártico nos llena de felicidad.
Nos acercamos a la tienda comedor, donde a las 9:30 desayunamos en compañía de nuestra guía Pachi, y del resto de montañeros que comparten expedición con nosotros; 2 checos y 2 neozelandeses. La cocinera es una mujer inglesa muy simpática que nos prepara unos platos que nos hacen sentir como en casa. También está Scott, otro guía que es el que controla todo el campamento; y Namgya un guía nepalí que ha subido 9 veces el Everest. Tras reponer energías nos entregan en la tienda almacén comida que utilizaremos en los días de ascensión y también unas bolsas especiales donde tendremos que hacer nuestras necesidades. El Vinson es quizás la montaña más limpia del mundo, y todos los desechos orgánicos se llevan de vuelta a la civilización, porque a estas temperaturas nada se degrada y perdura ahí por años.
Nos equipamos con las prendas técnicas, y nos dirigimos a ascender una pequeña montaña que se eleva cercana al campo base, que tiene unos 2800 metros de altitud. La subida nos servirá para aclimatarnos a la altura y como primera toma de contacto con el ambiente antártico. Nos encordamos con Pachi por cuestiones de seguridad y los 3 empezamos a dar los primeros pasos. Como ha nevado estos días el camino no está marcado. El cielo se cubre al poco de empezar la ascensión y vamos concentrados en donde ponemos los pies, pues algunas grietas traicioneras se esconden bajo nosotros. De repente nos sorprende un ruido estremecedor. Estando parados, con nuestra respectiva distancia de seguridad, la placa de nieve que tenemos bajo nuestros pies cruje con fuerza y un atronador sonido. Nos quedamos sorprendidos, con el corazón en un puño y un poco atemorizados. Pachi nos dice que debido a que trás una nevada la nieve no se asienta tan rápido, se forman capas de aire entre las placas de nieve, y al pisar éstas se asientan con este terrorifico ruido característico. La sensación es que el mundo va a desaparecer repentinamente bajo tus pies. Con ojo avizor proseguimos la marcha. Varios metros más adelante Juan mete una pierna en una pequeña grieta oculta bajo la nieve. Todo queda en un pequeño susto y seguimos avanzando hacia arriba. Las primeras rampas hacen acto de presencia y vamos ascendiendo haciendo zig-zags, ya envueltos por una neblina permanente y un viento constante que nos impide disfrutar todo lo que quisieramos. El avanzar en semejantes condiciones se hace duro, las gafas de sol se empañan constantemente, mientras vas ascendiendo mirando donde pones los pies. Tras la ladera, alcanzamos una arista y ascendemos por ella, pegados a una línea de rocas, hasta llegar por fin a la cima del Monte Orio. Hemos tardado unas 2 horas, nuestro primer logro antártico. No está mal para desentumecer los músculos!!!
La bajada se hace pesada a ratos, y Pablo no deja pasar la ocasión para también meter un pie en una pequeña, pero profunda grieta. Por fin llegamos al campo base. Nos acomodamos un tiempo en nuestro dulce hogar de la tienda de montaña y luego cenamos en la tienda comedor, donde a pesar del frío exterior con – 10ºC, se está muy cómodo. Aprovechamos para escribir la crónica de estos días y luego vemos una película de Carstensz que ha traído uno de los checos. La sensación es indescriptible, viendo cine en la Antártida!!!
5ª/ RUMBO ANTÁRTIDA 29/12/2009
Martes, 29 de Diciembre de 2009 (por fin ponemos rumbo a la Antártida):
 Esta noche ha sido difícil poder pegar ojo. Estar toda la noche pendientes de la llamada que nos llevaría al continente blanco, nos ha dejado cuanto menos intranquilos. Una vez puestos en pie, avisamos a recepción de que estaríamos localizables en el comedor de hotel. Cuando estábamos terminando nuestro apacible desayuno, el recepcionista sube en nuestra búsqueda. –¡Bajen a recepción, tienen una llamada! A trompicones llegamos hasta el teléfono, Pablo habla mientras Juan mira impaciente. Al terminar la llamada, una mirada de complicidad y un “nos vamos”, basta para empezar a mover la maquinaria.
Los nervios rebosan por todo nuestro cuerpo. Poco a poco nos vamos equipando con todo el material de expedición, como astronautas a punto de embarcar en su nave. Al rato aparece un peculiar autobús en la puerta del hotel, ya que todos los ocupantes van, al igual que nosotros, vestidos con toda la ropa de expedición Antártica. Sin más demora subimos y partimos hacia el aeropuerto. Una vez allí todos los expedicionarios, entramos en la terminal ante la mirada atónita de todos los presentes. Descendemos rapidamente a las pistas. Nuestras caras rebosan de asombro cuando por fin conseguimos ver el “Ilyushin” ese inmenso avión de carga ruso que será el que nos deposite en la mismisima Antártida.
Rápidamente embarcamos. Las condiciones son óptimas para el aterrizaje en Patriot Hills, y teniendo en cuenta que nuestro vuelo durará cerca de 4 horas, no podemos demorarnos lo más mínimo y arriesgar a que cambien esas condiciones. Sin más, nos sentamos como buenamente podemos en aquellos destartalados asientos. El avión solo tiene una ínfima zona de pasajeros, el resto lo ocupan las toneladas de material que llevamos hacia el Continente Blanco.
Los motores arrancan con un estruendoso ruido, nos ponemos los tapones y empezamos a zarandearnos. Tenemos que intuir el despegue ya que apenas hay una par de ventanillas repartidas por todo el avión. Rápidamente nos encontramos en un incómodo y claustrofóbico vuelo. No tardamos en levantarnos, ir a la zona de carga, hacer cientos de fotos e intentar hacer alguna de estas instantáneas por la ventanilla. Tenemos la suerte de que uno de los pilotos rusos se encuentre de buenas y accede a enseñarnos la cabina que el avión tiene en la parte baja del morro, El hielo antártico que se aprecia a nuestros pies nos deslumbra.
A las 4 horas nos avisan de que vayamos tomando nuestros asientos. Estamos a punto de tomar tierra, o mejor dicho, hielo. Los nervios, junto con la incertidumbre que nos da el no poder ver nada, hacen que estemos eufóricos. Al rato notamos el primer impacto y como el avión utiliza la reversa de los motores para intentar frenar sobre la pista de hielo, el ruido es atronador y el avión se zarandea con intensidad. Cuando, después de un buen rato, intuimos estar detenidos, comienza a entrar la luz de la parte trasera, aquel gigante de acero acaba de abrir su panza trasera y comienzan a descender las cargas.
La puerta lateral se abre y por fin vemos la luz. Estamos deseosos por poder desembarcar cuanto antes… Y por fin llega nuestro momento. Cuando llegamos a la puerta, el infinito blanco nos aguarda. Ni siquiera las gafas de sol impiden el deslumbramiento. Con la boca abierta, intentando contener las lágrimas por la emoción del momento, Pablo comienza a descender, seguido de Juan, con idénticas sensaciones.
Nos advierten sobre el peligro de los primeros pasos, el hielo de la pista es totalmente cristalino y posiblemente de un grosor cercano de unos 2 Km. Un giro de 360º te hace ser consciente del lugar tan mágico donde acabamos de aterrizar.
Apenas se intuye el horizonte sobre la inmensa planicie helada. Cuesta creerlo, estamos en la mismísima Antártida, un sueño hecho realidad. Es curioso, nosotros esperábamos un clima extremadamente difícil y curiosamente hace solo -8ºC y eso no es mucho para las equipaciones que llevamos.
Después de estos momentos de euforia, partimos hacia la base de Patriot Hills que se intuye a 1 Km de la pista. Ironizamos entre risas diciendo, “hemos pagado un dineral por estos vuelos, y tenemos que ir caminando sobre el hielo hasta la base, ¿nadie nos viene a recoger? “. Al llegar, nos invitan a pasar a la carpa comedor y poder degustar algunos lujos, como por ejemplo el guiso que nos esperaba.
Patriot Hills es una base americana situada a 1000 km del Polo Sur, compuesta por cerca de 50 tiendas de campaña, y algunas carpas comedor y de almacenaje. Para encontrarse en un lugar tan inhóspito, cuenta con todo tipo de “lujos”.
Apenas estamos degustando el delicioso guiso, cuando una de las encargadas de la base empieza a distribuir los grupos. Nosotros estamos intrigados por la tienda que nos asignarán dentro del campamento. Cuál es nuestra sorpresa, cuando nos dicen que en 10 minutos saldrá un vuelo al campamento base del Vinson. Afortunadamente las condiciones meteorológicas son óptimas para el vuelo en avioneta y es mejor no esperar. Los españoles saldrán los primeros. El último bocado se nos atraganta en el gaznate y sin apenas po der pensarlo, recogemos todo nuestro equipo y partimos hacia la avioneta. Es ahí donde nos presentan a Pachi una chilena, con un impecable curriculum antártico, que durante estos días será nuestra guía en la expedición. Apenas hemos estado media hora en Patriot Hills y de nuevo estamos metidos en aquella pequeña avioneta camino hacia el campamento base. No cabemos en nuestro asombro.
El avión se alza rápidamente y comenzamos a sobrevolar la infinita planicie Antártica. El blanco ocupa todo lo que nuestra vista alcanza a ver, apenas manchado por algún que otro risco rocoso que emerge por encima del hielo. Al cabo de una hora de vuelo conseguimos divisar al fondo la cordillera Ellsworth; la avioneta hace un quiebro y comenzamos a adentrarnos por los valles blancos. Inmensos glaciares, terroríficas grietas de un impecable hielo azul y un sinfín de desafiantes seracs se abren paso bajo nuestros pies. Sin llegar a perder altura intuimos el suelo cada vez más cercano hasta que notamos el impacto de los esquís de la avioneta aterrizando sobre la nieve.
En pocos segundos se detiene y descendemos, a apenas unos metros de las pequeñas tiendas de campaña. El campamento base se encuentra en un glaciar cubierto por ambos lados por unas filas montañosas que le resguardan del viento. Toda la zona está delimitada ya que las grietas, seracs e inmensas paredes de hielo que cuelgan amenazantes, hacen que sea peligroso salirse de estas delimitaciones. La niebla de la lejanía hace imposible ver el Vinson, que se refugia al fondo del valle.
Estamos muy contentos por estar ya aquí, aunque apenas hayamos tenido tiempo de asimilarlo. El entorno es mágico y difícil de describir, la emoción nuevamente nos abruma.
Descargamos el material en unos trineos y nos aproximamos a la tienda. Rondamos los -10ºC pero en un ambiente tan seco, se hace bastante llevadero. Después de acomodarnos en la tienda nos disponemos a pasar la primera “noche” en la Antártida. Son las 12:00 de la noche cuando nos metemos en el interior. Asombrosamente el sol brilla tanto como cuando llegamos a Patriot Hills. En parte nos preocupa el no poder dormir con una luz tan intensa que nos acompañará las 24h del día. Sin embargo estamos cansados, ha sido un día muy intenso y repleto de sensaciones.
Nos metemos en nuestros sacos, nos tapamos los ojos con antifaces. Hoy no nos hará falta soñar con estar en la Antártida, hoy nuestro sueño ya es parte de una realidad.
Juan y Pablo, dispuestos a pasar la primera “noche” antártica.
proyecto7cumbres@hotmail.com
4ª/ CRÓNICA PUNTA ARENAS 28/12/2009

Lunes, 28 de Diciembre de 2009 (preparativos para un viaje deseado):
A las 4:00 de la mañana ya nos entra luz por la ventana de la habitación. Es sorprendente las apenas 4 horas de noche que hace en este lugar. Son preparativos para lo que nos espera en la Antártida, donde tendremos luz continua. Nos tapamos todo lo que podemos para seguir durmiendo, antes de levantarnos a una hora más razonable.
Tras desayunar salimos a la calle en busca del Club donde nos van a dar una charla introductoria sobre la Antártida y la logística de la expedición al Monte Vinson. Lo primero que nos sorprende es ver como la ciudad parece otra radicalmente diferente a la de ayer: muchos coches por las largas y rectas calles, personas de un lado a otro, bullicio; aquellas características que dan vida a una ciudad que ayer parecía muerta, de otro mundo.
A las 10:00 nos reúnen en una sala a casi 50 personas de todos los puntos del planeta y un hombre de la agencia con la que hemos contratado la expedición nos da unas ligeras nociones sobre lo que nos vamos a encontrar en el Continente Blanco, y como proceder en la expedición. Algunos iremos al Vinson, otros al Polo Sur, diferentes actividades en uno de los lugares más fascinantes del planeta. Aquí nos explican que esta tarde a las 16:00 debemos tener ya empaquetado todo el material, para llevarlo ellos directamente al avión de carga y tenerlo todo preparado para que en el momento en que se pueda volar todo se haga más rápido. Luego sobre las 18:30 nos piden estar localizables ante la posibilidad de volar esta misma tarde.

Tras 2 horas de charla salimos con ganas de hincarle el diente a este dulce blanco, aunque la incertidumbre ante la salida nos deja en una situación intranquila. Aprovechamos y visitamos la sede de la agencia donde el informático Martin trata de ponernos a punto la conexión a internet usando el teléfono satélite que hemos traído. Tras un rato los peores presagios se hacen realidad: no podemos obtener conexión, lo que nos hará muy complicado el poderos mandar crónicas desde la Antártida. De todas formas no nos daremos por vencido y trataremos de ver si existe alguna opción desde allí.
Comemos rápidamente y nos dirigimos al hotel. Preparamos los petates con todo el material a usar en la Antártida, mientras que en la mochila dejamos sólo la ropa polar para llevar puesta en el momento de salir. A las 16:00 viene la gente de la agencia, nos pesan los 2 petates y se marchan comentándonos que sobre las 18:30 nos llamarán para comunicarnos si hoy mismo volaremos.
Hacemos unas compras de último momento y volvemos al hotel para esperar la ansiada llamada. Cual bomberos en guardia ante una emergencia, en nuestra habitación-cuartel esperamos esa llamada de salida inmediata, que además, sabemos que tarde o temprano va a acontecer. Ringggg…Suena el teléfono de la habitación! Y de un salto nos precipitamos hacia éste. Son las 18:30 en punto y nos comunican que de momento no se puede volar, pero que nos llamarán a las 19:15. Nos quedamos mudos, pero tenemos una segunda oportunidad. A ver si esta vez hay suerte. Ringggg….nuevamente saltamos de la cama. Puntualmente llaman de nuevo. Veredicto: 30 nudos de viento en Patriot Hills. Imposible volar hoy!! Mañana a las 6:00 una nueva llamada nos pondrá en guardia ante una salida hacia el aeropuerto y el pasaporte de entrada en el Continente Blanco.
Juan y Pablo, con el corazón en un puño esperando “la llamada”.
Club Deportivo 7 Cumbres
proyecto7cumbres@hotmail.com
3ª/ CRÓNICA PUNTA ARENAS 27/12/2009
Domingo, 27 de Diciembre de 2009 (a sus pies Señor Magallanes):
Los mí seros 3ºC que nos reciben a la salida del aeropuerto de Punta Arenas en pleno verano austral, nos hacen ser conscientes de la latitud a la que nos encontramos. Estábamos tan contentos como cansados. Tras tantas horas de vuelos, esperas e incertidumbres, por fin hemos llegado junto con los 80Kg de nuestro material de expedición.
Un pequeño autobús nos lleva hasta la puerta de nuestro hotel, donde tras devorar el desayuno que nos aguarda, nos acomodamos y comenzamos a distribuir por toda la habitación gran parte del material. Mark, uno de los encargados de la expedición, no tardará en venir a supervisar todo éste con el fin de dar su aprobado definitivo. Cuando llega, uno a uno, va chequeando rigurosamente todo nuestro equipo mientras nos va avanzando el planning de la aventura en la que estamos a punto de embarcarnos. Por un lado, las fotos, la localización y la ruta nos abruman ante la inhóspita soledad del terreno, pero a su vez, nos cuesta creer que en cuestión de horas nosotros seamos parte de ese presente. Una hora más tarde, ya a solas, intentamos una vez más creer la realidad que estamos viviendo a puertas de pisar la Antártida.
Poc o después, decidimos partir hacia el centro de la localidad con el fin de ultimar algunas compras. La tarea se ve frustrada ya que es domingo, pero el viaje no es en vano y decidimos hacer algo de turismo. No queremos pasar por alto el ritual que nos espera en la Plaza de Armas. En el centro de ésta, rodeado por unos gigantescos y misteriosos árboles, se halla la estatua en conmemoración a Fernando de Magallanes, pionero aventurero que encontró el paso por el estrecho que hoy lleva su mismo nombre. Este paso alternativo hizo que se pudiera evitar el peligroso y venteado cabo de Hornos, que hacía estragos entre los marineros de la época. Cuenta la leyenda que todo aquel viajero que parte dirección al Continente Blanco, ha de tocar con sus manos el pie de la estatua de un indio Patagón situado en los bordes del pedestal donde se yergue la figura de Magallanes. Éste acto no solo le dará suerte en su aventura, sino que a su vez garantizará su regreso a Punta Arenas. Nosotros nos hemos agarrado, colgado, besado, mordido, acariciado y un sinfín de cosas al desgastado pie de bronce. Nuestro sueño no se cumpliría sin un regreso y de eso somos conscientes.
Poco después, tras comer unas pizzas en uno de los pocos locales que hemos podido ver abiertos, hemos paseado por las desoladas calles, que más bien parecían el escenario de una película de terror. Apenas nos hemos cruzado con un alma, pese al buen tiempo que hacía. La estructura cuadriculada de la ciudad, sus pequeñas viviendas unifamiliares pintadas de diferentes tonalidades y sus anchas avenidas, cuanto menos te cautivan e invitan al sosiego, cosa de agradecer después de la desorientación que tenemos con la diferencia horaria.
Después de este paseo en calma, regresamos nuevamente al hotel a intentar ajustar los biorritmos, descansar y seguir mentalizándonos sobre el destino que hemos elegido.
Juan y Pablo, desde la orillas del estrecho de Magallanes.
Club Deportivo 7 Cumbres
proyecto7cumbres@hotmail.com
2ª/ CRÓNICA PUNTA ARENAS 26/12/2009
Viernes, 25 de Diciembre de 2009- Sábado, 26 de Diciembre de 2009 (Madrid-París-Buenos Aires-Santiago-Punta Arenas):
Después de tantos problemas con la quiebra de Air Comet, nos encontrábamos un poco intranquilos ante el devenir de la expedición. La aventura ya había comenzado y apenas habíamos salido de nuestras casas. Además, como el año pasado nos perdieron el equipaje durante la expedición a Carstensz, y estuvimos 5 días sin nuestro material de expedición, con lo que nos manteníamos ojo avizor y no queríamos que bajo ningún concepto nos ocurriese algo similar. ¡Con tantas escalas aéreas uno nunca se encuentra del todo tranquilo!
Nos esperaba toda una odisea, cruzando medio mundo para poder llegar a nuestro destino en Punta Arenas, la ciudad más austral de Chile. Inicialmente facturamos sin problemas los petates hasta Buenos Aires vía París. A las 17:00 del viernes 25 de Diciembre despegamos por fin. Hacemos esc ala de varias horas en el aeropuerto de París y a las 23:20 del mismo viernes cruzamos el charco rumbo a Buenos Aires. Las 14 horas de vuelo no se nos hacen excesivamente largas, aprovechando para dormir y descansar, a pesar de los estrechos, mal ubicados y separados asientos.
Llegamos a Buenos Aires a las 9:00 del sábado, recogemos los equipajes y nos toca esperar hasta las 21:00 para volar a Santiago. Queremos facturar inmediatamente, pero la LAN Airlines no lo permite, al tener tantas horas hasta el siguiente vuelo. Hacemos tiempo para comer y más tarde nos dejan entregarles los 2 pesados petates que nos lo guardan hasta la hora de facturación. Aprovechamos y nos vamos al centro de Buenos Aires, donde cargados con nuestras pesadas mochilas de mano andamos bajo los 30ºC del verano argentino. Visitamos la Casa Rosada, sede del gobierno, y Puerto Madero, un malecón portuario cercano.
De vuelta al aeropuerto, al facturar nos ponen pegas con el peso del equipaje, pero finalmente nos hacen la vista gorda y facturamos hasta Punta Arenas. A las 21:00 despegamos rumbo a Santiago y en apenas 2:30 horas llegamos a la capital chilena. Supuestamente los petates iban directamente a Punta Arenas y no teníamos que recogerlos en Santiago, pero cuál fue nuestra sorpresa cuando al pasar cerca de las cintas de recogida de equipajes vimos nuestros petates girando en la infinita cinta. No podíamos creerlo!! Ha faltado poco para que hubiéramos podido perder el equipaje. Los recogemos y los facturamos de nuevo. El personal de LAN es muy estricto esta vez y nos hace pagar sobrepeso. Tratamos de evitar el pago del mismo, pero a pesar del pequeño cabreo, aceptamos a regañadientes.
Cansados ante tantas horas de aeropuertos y vuelos, a las 2:50 despegamos hacia el destino final. Unas 4 horas después, nuestros ojos distinguen desde la ventanilla del avión Tierra de Fuego, la famosa región al sur del continente Sudamericano donde se ubica Punta Arenas, una de las ciudades más australes del mundo. A las 6:15 del 27 de Diciembre aterrizamos en el verdadero culo del mundo, tras unas 40 horas de vuelos.
La alegría es completa cuando vemos aparecer todo el equipaje y vemos que no falta nada. El primer paso hacia una nueva aventura se ha completado con éxito. El frío austral nos recibe con los brazos abiertos, pero nuestros corazones laten con fuerza dándonos el calor que nos hace sentirnos dichosos.
Juan y Pablo, desde Punta Arenas, en el confín del mundo.
Club Deportivo 7 Cumbres
proyecto7cumbres@hotmail.com

1ª/ CRÓNICA DE SALIDA 25/12/2009
Viernes, 25 de Diciembre de 2009:
Por fin hoy día comienza la Expedición Vinson 2010, pero ¿quién dijo que las cosas son fáciles? Esta semana ha sido de las que uno no olvida fácilmente, con contratiempos continuos. El Martes por la mañana, a apenas 3 días de nuestra partida, nos llega el primer jarro de agua fría. La aerolínea con la que teníamos contratados los vuelos (Air Comet) quebró dejándonos en tierra y sin posibilidad de volar, ya habiendo pagado el desorbitado precio de la expedición.

Los primeros momentos de incertidumbre inundan nuestras mentes, que hasta el momento solo pensaban en el Continente Blanco y la logística de material necesario. Los problemas nos han llegado antes incluso de partir. Parece como si nuestros planes, sueños e ilusiones pudieran volar de un plumazo ante la impotencia de no poder hacer nada al respecto. La Ley de Murphy hace acto de presencia cuando menos te lo esperas! Hasta el momento estábamos concienciados para combatir las adversidades Antárticas, pero este nuevo contratiempo podría echar por tierra más de un año de trabajo y un sinfín de ilusiones puestas.
Afortunadamente no somos gente que acostumbremos a rendirnos con facilidad y después de los logros obtenidos para poder ir a esta expedición, no vamos a quedarnos parados a verlas venir. Una vez más, hemos sabido repartirnos las funciones, optimizar el tiempo, los recursos y movilizarnos con todo lo que ha estado a nuestro alcance. Nos hemos tenido que mover con rapidez y el tiempo corría en nuestra contra, ya que son miles de personas las que se encontraban en la misma situación y la mayor parte de ellas buscaban soluciones similares.

Nos encontrábamos en una situación incierta. Sin embargo, gracias a la rapidez con la que hemos actuado, y después de muchas llamadas telefónicas, gestiones varias, cual ejecutivos avezados en estas lides de solucionar problemas, conseguimos encontrar una alternativa al comprar un nuevo billete a Buenos Aires, vía París, para posteriormente poder enlazar con el resto de vuelos que nos llevarán a Punta Arenas. Esto alargará nuestro trayecto y número de escalas, incrementando sustancialmente el presupuesto de nuestra expedición, pero no tenemos alternativa. Si el 29 de Diciembre no estamos en la localidad de Punta Arenas, perderemos nuestro pase a la Antártida y con el se hundirán todas nuestras ilusiones, sueños y proyectos. Así nuestro nuevo plan de vuelo es: Madrid-París-Buenos Aires-Santiago-Punta Arenas, a donde llegaremos el 27 de Diciembre a las 6:15 de la mañana. Una odisea digna del mismísimo Ulises!!!
A pesar de que incluso este Miércoles el Ministerio de Fomento se ponía en contacto con nosotros para ofrecernos un vuelo a Buenos Aires ese mismo día, no teníamos más remedio que volar hoy. Cierto es que todos estos contratiempos lo único que han conseguido es ocasionarnos una incertidumbre y un nivel de estrés totalmente innecesario a apenas días de partir, pero como luchadores que nos consideramos, no pensamos rendirnos a nuestra suerte y nuestras mentes, nuevamente enfocan al Continente Blanco como nuestro único destino.
Son muchos años soñando con esta expedición, con esta aventura y no pensamos renunciar a ella con facilidad. Esperamos poderos escribir en pocos días desde el sur del Chile, confirmando nuestra entrada hacia el sueño Antártico.

Juan y Pablo, después de varios días estresantes e inundados de incertidumbres.
Club Deportivo 7 Cumbres
proyecto7cumbres@hotmail.com
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